Marta querida: Hoy nos enteramos de que partiste y el dolor es grande. Pero, más que despedirte desde la tristeza, queremos recordarte desde todo lo que nos dejaste. Tu pasión por la enseñanza, tu compromiso con la educación y tu mirada política sobre la escuela pública marcaron a muchos estudiantes y docentes. Todavía resuena tu frase de cabecera a los estudiantes: “no copien, escuchen”.
Defendías con convicción tus posiciones teóricas. Bourdieu un pilar, Saviani con su curvatura de la vara y tantas discusiones sobre la defensa a la escuela tradicional “porque ahí si se enseñaba”.
Sin idealizaciones, fuiste una mujer luchadora,
perseverante, con mirada crítica. De carácter fuerte —que a veces había que
saber sostener—, pero también alegre y divertida, especialmente en los viajes y
los encuentros.
Fuiste mucho más que la titular
de Pedagogía. Fuiste una maestra. De esas que marcan trayectorias, que dejan
huellas en la forma de pensar la educación y también en la forma de habitar la
docencia.
Impulsaste la investigación, alentaste las producciones de cátedra y abriste espacios con generosidad para que otros pudieran crecer. Para quienes hoy somos docentes de la cátedra y alguna vez fuimos tus estudiantes, fuiste —y seguirás siendo— un ejemplo.
Nos queda la transmisión de tu legado conceptual y humano, y la responsabilidad de seguir trabajando con la misma convicción que nos enseñaste.
Donde quiera que estés, GRACIAS


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